En 1949, en plena posguerra
de la Segunda Guerra Mundial, en Occidente
se veía con preocupación la política expansionista que estaba siguiendo la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas. Era evidente que la ONU no podría ser capaz
por sí sola de mantener la estabilidad en el mundo, ya que los intereses de
Estados Unidos conllevaron numerosos vetos soviéticos. La aparición de
gobiernos comunistas en Europa Central y Oriental
por influencia soviética aumentaban la presión en Europa Occidental. Entre 1947 y 1949, una serie de
sucesos, más dramáticos por el hecho de la reciente marcha de las tropas
estadounidenses y canadienses que aún se encontraban en Europa
desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, marcaron el punto
más alto en la tensión que se estaba experimentando. Estos sucesos fueron
amenazas a la soberanía de Noruega, Grecia, Turquía y Checoslovaquia,
entre otros, donde el golpe de Praga fue interpretado como un ataque
directo a los intereses europeos. Además, el Bloqueo de Berlín, que empezó en abril de 1948, empeoró la situación
para los países antes mencionados.
La necesidad
de una asociación de países cada vez era más manifiesta, de forma que en marzo
de 1948,
Francia, Bélgica,
Países Bajos,
Luxemburgo
y el Reino Unido de Gran
Bretaña e Irlanda del Norte firmaron el Tratado de Bruselas, con el
que creaban una alianza militar, la Alianza Atlántica.
Ante la
creciente expansión socialista, se decidió ampliar la Alianza, por lo que se
llevaron a cabo negociaciones entre Estados
Unidos, Canadá y la Alianza Atlántica, a las que se decidió invitar a Dinamarca,
Islandia,
Italia,
Noruega
y Portugal.
Las negociaciones giraron en torno a la creación de una alianza militar que
tuviese una base en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, y tuvieron
como resultado la firma del Tratado de Washington, el 4 de abril de 1949, por
la que se establecían las bases de la creación la Organización del Tratado del
Atlántico Norte.
Una de las
dificultades surgidas durante las negociaciones estuvieron relacionadas con la
integración de Estados Unidos en la Organización. Los países
europeos, devastados después de la guerra, estaban interesados en aliarse con
Estados Unidos para así asegurarse una defensa eficaz, pero en Estados Unidos
no se compartía esta voluntad. Sin embargo, el golpe de
Praga, el 12 de marzo de 1948 y el bloqueo de Berlín en 1949 aumentaron la
reivindicación por parte de los europeos, especialmente de Francia, de la creación de una alianza
militar con Estados Unidos: en secreto, en el Reino Unido
se firmó un acuerdo, llamado Pentagon Paper, con el que
se establecía un esbozo de como debía ser una alianza en el Atlántico Norte.
El último
elemento a tener en cuenta en el proceso de integración de Estados Unidos pasó
por la necesidad de sortear la dificultad que suponía la prohibición por parte
de la Constitución de los Estados Unidos
de aliarse militarmente en tiempos de paz. El senador
Vandenberg promovió la votación de la Resolución
239, que el 11 de junio de 1948 dio luz verde a la
unión de Estados Unidos a la Alianza. Bajo petición del Senado de Estados Unidos, se hizo constar
en el tratado de constitución de la alianza (artículo 5) que las medidas a
tomar en caso de agresión a algún país miembro fuesen resultado de la libre
elección de cada país. El Senado quería mantener así el poder de elección del Congreso en materia
militar.
Después de
la constitución de la OTAN, nuevos países se fueron adhiriendo a ella. En 1952 se unieron los dos
primeros, Reino de Grecia y Turquía.
La República Federal de Alemania accedió en 1955 y, en 1982, España
también firmó el Tratado. La República Checa, Hungría
y Polonia
se convirtieron en miembros en 1999. En 2004 accedieron Bulgaria,
Eslovaquia,
Eslovenia,
Estonia,
Letonia,
Lituania
y Rumanía,
Croacia
y Albania
en 2009
y, en febrero 2015,
se invitó a Montenegro a su entrada.
Teóricamente
destinado a ser una garantía de seguridad de los estados de Europa
Occidental ante la Unión Soviética y sus aliados. El Pacto de
Varsovia se creó más tarde, en 1955, para contrarrestar a
la OTAN tras la admisión y el posible rearme de la República Federal de Alemania. Como le era
propio a la coyuntura de la guerra fría las fuerzas de la OTAN actuaron sólo
como fuerza disuasoria.
En 1954, la Unión Soviética
propuso su unión a la OTAN, con el objetivo de mantener la paz en Europa,6 pero los países
aliados rechazaron la propuesta. Esto, junto con la incorporación de Alemania Occidental a la Organización el 9 de mayo
de 1955,
que fue descrita como «un momento decisorio en la historia de nuestro
continente» por el Ministro de Asuntos Exteriores
de Noruega
del momento, Halvard Lange,7 tuvo como
consecuencia inmediata la creación del Pacto de
Varsovia, firmado el 14 de mayo
de 1955
por la Unión Soviética y sus aliados. Este pacto se
considera la respuesta formal a la OTAN, poniendo de manifiesto los dos bandos
opuestos de la Guerra Fría.
La unidad de
la OTAN ha sido puesta en evidencia ya desde sus principios. En 1958, De Gaulle
protestó por el papel hegemónico que tenían los Estados
Unidos en la Organización, y por lo que, a entendimiento del
presidente, era una relación especial entre Estados Unidos y el Reino Unido.
En un memorándum enviado al presidente Eisenhower
y al primer ministro Macmillan el 17 de
septiembre de 1958, argumentaba a favor de la creación de una dirección
tripartida, que pusiese a Francia en igualdad de condiciones que Estados Unidos y el
Reino Unido, abogando también por la expansión de la OTAN en las áreas
geográficas de interés para Francia, como Argelia,
donde Francia intentaba eliminar las fuerzas insurgentes y necesitaba la ayuda
de la OTAN.
De Gaulle
consideró las respuestas dadas como insatisfactorias, así que decidió construir
una defensa independiente para su país. El 11 de marzo
de 1959,
Francia
retiró su flota en el Mediterráneo del comando de la OTAN; tres meses
después, en junio
de 1959,
De Gaulle prohibió la entrada de armas
nucleares extranjeras en territorio francés. Esto provocó que
Estados Unidos transfiriera 200 aviones a Francia y devolviera el control,
entre 1950
y 1967,
de las diez mayores bases aéreas que habían operado en Francia. La última base
devuelta fue la de Toul-Rosières, base de la 26ª Ala de Reconocimiento,
que fue trasladada a la base aérea de Ramstein, en Alemania Occidental.
Mientras
tanto, Francia había iniciado independientemente su propio programa nuclear,
llamado Force de frappe. Francia probó su primer
arma nuclear, Gerboise Bleue, el 13 de febrero
de 1960
en la Argelia francesa.
Aunque
Francia mostró solidaridad respecto al resto de la OTAN durante la Crisis de los misiles de Cuba en 1962, De Gaulle continuó
con su propósito de constituir una defensa independiente retirando del comando
la flota francesa del Atlántico y del canal de la Mancha. En 1966, las fuerzas armadas francesas fueron retiradas del
comando integrado de la OTAN, y se ordenó que todas las tropas no francesas
abandonasen el territorio galo. Todo ello también provocó que el 16 de octubre
de 1967
se trasladase el Cuartel Supremo de la Alianza en Europa (SHAPE) de París
a Casteau, al norte de Mons, en Bélgica.
Francia continuó siendo miembro de la alianza, y ayudó en la defensa de Europa
de un posible ataque soviético con sus tropas
estacionadas en Alemania Occidental. Francia volvió a unirse al
Comité Militar en 1995 y el presidente
Nicolas Sarkozy
reintegró a Francia en el comando integrado en coincidencia con la cumbre del
60º aniversario de la Alianza del 3 y 4 de abril del 2008, que se celebró entre
Estrasburgo
y Kelh, en la frontera franco-alemana.
Desintegración de la Unión Soviética
Tras la desintegración de la Unión Soviética,
la OTAN ha reformulado sus objetivos y actividades hasta apropiarse de la
seguridad de todo el hemisferio norte. En este marco, se desarrolló la única
operación de ataque por parte de la OTAN en toda su historia, a excepción de la
incursión en 1995 en la República de Bosnia y Herzegovina
contra las fuerzas serbias en lo que se conoció como la Operación Fuerza Deliberada, el ataque
contra Yugoslavia
en 1999.
Inicialmente, el ataque estaba destinado a parar la limpieza étnica en Kosovo,
donde se realizó una gran cantidad de crímenes
contra la población civil.

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